“Somos un relevo: así empezó nuestra andadura”

Eva y Marcos, granja Cuesta.

A medida que nuestra sociedad crece, son muchas las familias que deciden abandonar el mundo rural para mudarse a la ciudad. Pero toda regla tiene una excepción. Como la historia de Eva y Marcos, una pareja que dejó la ciudad atrás para vivir una nueva vida en la granja.

Eva, de 31 años, y Marcos, de 35, eran una pareja joven acostumbrada al ritmo de la ciudad. Pero cuando llegó la jubilación de los padres de Marcos decidieron cambiar por completo su vida. Ante la posibilidad de ser ganadera, Eva no se lo pensó: aunque ayudar a su marido era el motivo principal, admite que ya soñaba con formar una familia. Además, era una profesión que le llamaba la atención. Hoy, la pareja vive en el campo junto a sus suegros y su hijo de 5 años, Oliver.

“Los niños, la casa, la gente mayor… Hay que organizarse y atender todo. No se puede dejar nada.”

Acostumbrarse no fue sencillo. Para Eva, la vida en la granja es otro mundo. Aunque más tranquilo, también tiene sus momentos de estrés. Lo más difícil para ella es compaginar el trabajo que conlleva la granja con el de la familia, a jornada completa y sin tiempo para descansos.

“Aquí respiramos aire puro. Y mucha tranquilidad”

Lo que más dice echar de menos de la ciudad es tenerlo todo al alcance de la mano: vivir en el campo supone tener que desplazarse por cualquier cosa. Pero, a pesar de todo, encuentra gratificante vivir en un entorno que se siente suyo. En el que todo queda en casa.

“Para ser ganadero es indispensable que te gusten los animales, sentir amor y pasión por ellos. Es más una vocación que una profesión.”

Con el paso del tiempo, parece que Eva y Marcos no solo se han habituado a la vida en la granja, sino que sueñan con seguir viéndola progresar. Así lo demostraron en 2018, cuando apostaron por optimizar la sostenibilidad de la granja. También invirtieron en renovar la nave y ampliaron el número de animales, pasando de 30 a 115 vacas. Y, al parecer, no es lo único que seguirá creciendo: también se plantean tener otro hijo.


Porque al final, uno no es de donde nace, sino de donde decide vivir.