“No se puede ser ganadero si de verdad no te gusta esto”

Jesús Jiménez, granja Hnos. Jiménez

Las grandes hazañas empiezan por algo pequeño. Por ejemplo, con dos vacas y una casa. Este fue el origen de la granja Hermanos Jiménez, creada hace más de cien años por los bisabuelos de Jesús y Diego.
Después de todo este tiempo, las vistas del pueblo de Blacha hacia la Sierra de Gredos siguen siendo las mismas. Sin embargo, aquella sencilla granja ha vivido grandes transformaciones

“Revolucionamos el negocio para hacer nuestra granja más eficiente, más sostenible y mejor desde el punto de vista del bienestar animal”

De las dos vacas de los bisabuelos, pasaron a las quince de los abuelos. Y, después, a las treinta de los padres. No es lo único que cambió. Cada generación aportó nuevas formas de mejorar la calidad de vida de sus animales.
Hasta hace seis años, cuando Jesús y Diego se hicieron cargo de la granja y decidieron renovarla por completo.

“La vida en la granja es impredecible, pero muy agradecida. Más sana y tranquila, diferente a cualquier otra.”

Porque sí, en cien años las cosas han cambiado mucho. De ordeñar las vacas en casa a hacerlo en granjas muy avanzadas tecnológicamente. Pero lo que continúa igual son los motivos por los que esta generación sigue con la ganadería: compartir el día a día con su familia, disfrutar de la compañía de los animales y del contacto diario con la naturaleza.

“Buscamos asegurar la máxima tranquilidad de nuestras vacas. Más allá del efecto sobre la producción lechera, que es evidente, se trata de una cuestión ética”

El interés de Jesús y Diego por la comodidad de sus vacas se ve reflejado en el Premio Bienestar Animal que Danone les entregó en 2018. También en todas las innovaciones que han implementado en la granja durante estos seis años.
Pero, sobre todo, se percibe en pequeños detalles. Como que cada una de las vacas tenga su nombre. O que les dediquen todo el tiempo que requieran, aunque solo sea para jugar con ellas. Gestos que la familia Jiménez no va a cambiar, por mucho que sigan transformando su granja.

“Nuestras vacas son muy curiosas, sociables y felices. Se llaman Paula, Marta, Missy, Princesa… son nombres que suelen venir de sus familias”