“Cuando salgo al aire libre y me rodeo de ese silencio, sé que no me he equivocado”

Teresa, Granja Simval (Galicia)

En Rodeiro, en las llamadas tierras altas de la dorsal gallega, las 40 vacas de la granja familiar Simval acuden cada día puntuales al ordeño. Se encuentran con Teresa, ganadera de 25 años al frente de la granja y mujer en quien confían sus cuidados.

Ella aprovecha para darles una mezcla de cereales y ensilado que ha cultivado en su propia granja. Y después, vuelven a salir al prado a pastar hasta que llega la hora del ordeño de la tarde, para regresar de nuevo al pasto a dormir al aire libre, en zonas habilitadas para su descanso.

"Siempre he sido una enamorada de los animales, llegaba corriendo de la escuela y tiraba la cartera al suelo para ir a saludar a las vacas y a los conejos”

Estamos ante una explotación profundamente concienciada con el impacto medio ambiental que ocasiona la actividad agraria y ganadera, cuidando y respetando el entorno y las condiciones agroambientales de la comarca. Con esta orientación se ha logrado optimizar al máximo los recursos propios disponibles, sin por ello menoscabar su viabilidad económica.

“Hemos apostado por la sustentabilidad medioambiental y por mejorar la salud y el bienestar de nuestros animales”

La historia de esta granja familiar comienza como muchas otras de la comarca del Deza, la empezaron los bisabuelos de Teresa con cinco vacas de carne. Más tarde sus abuelos se marcharon a Inglaterra a trabajar para poder ampliar su explotación en Galicia, hasta que, doce años después, corrían los 70, hicieron su sueño realidad comprando su primera vaca de leche, llamada Pinta, que ordeñaban a mano.

No siempre fue fácil. En el año 75, una noche de tormenta, un incendio devastador arrasó con todo el establo y alrededores. Lejos de desviarles de su objetivo, el incidente les hizo más fuertes: con mucho esfuerzo, volvieron a empezar, si cabe con mayor empeño. En los 80 compraron más vacas de leche, y poco a poco fueron creciendo hasta llegar al rebaño que tienen en la actualidad.

“Recuerdo el establo viejo, mi bisabuela me había enseñado a llevar un poco de comida en las manos, y ofrecérselo a las vacas para que me dieran 'besos'”

Teresa se levanta a las 7.30h todas las mañanas, para ir a buscar a las vacas al prado. Las ordeña, les da de comer, alimenta a la terneras y novillas y realiza las labores de limpieza, cuidado del establo y la sala de ordeño. Sus vacas siempre han estado en pastoreo, por tradición, y también por convicción de toda su familia.

“Me encanta mi trabajo, la vida en el campo, y adoro a mis vacas. Mi Reina Roja, mi Neptune, mi Cabana…”