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Dificultad
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Si tu hijo tiene dos años o está a punto de cumplirlos, es el momento de empezar a quitarle el pañal poco a poco según los expertos en educación infantil. Sé paciente y deja que lo intente a su ritmo. Y no temas si no lo consigue del todo hasta los siete años, que es cuando madura el sistema urinario.

Alrededor de los dos años es cuando los padres comienzan a cuestionarse cuál es el momento ideal para retirarle el pañal a su bebé. Para acertar, es imprescindible detectar si el niño está preparado o no. Empeñarse en adelantarlo alarga el proceso y, lo que es peor, puede traer complicaciones. Pero para tranquilidad de los progenitores, todos los niños acaban yendo al baño solos (en general, controlan perfectamente los esfínteres en torno a los cuatro años), aunque algunos tarden más que otros en lograrlo. Sigue los consejos que dan los expertos en educación infantil y consulta a vuestro pediatra siempre que tengas dudas.

Las claves del adiós al pañal

Hay que tener paciencia.

Aprender a controlar los esfínteres es un proceso lento que necesita una gran dosis de tranquilidad. Una actitud serena por parte de papá y mamá favorecerá el éxito, por eso hay que tener en cuenta algunas cuestiones:

  • Los retrocesos son normales, y los escapes, también. Si se da el caso en tu hijo, no utilices los reproches, ni te enfades, simplemente dile: “Coge ropa limpia y cámbiate”.
  • Muchos niños tienen miedo al váter. Temen colarse por el agujero o que salga un monstruo de él. Asegúrate de que esto no le ocurre a tu hijo y, si es así, tranquilízalo.
  • No utilices el castigo porque frenarás su proceso de aprendizaje. Eso sí, elogia cualquier logro que le acerque al objetivo: anunciar que tiene ganas, quitarse la ropa solo, subirse los pantalones y, por supuesto, acudir al baño con éxito.

Señales de madurez.

Intentar que el niño controle los esfínteres antes de que cumpla un año es una batalla inútil y perjudica al pequeño, que aún carece de las capacidades neurológicas., fisiológicas y de comportamiento necesarias. Por esa razón, antes de iniciar el proceso es fundamental observar con atención si tu hijo cumple una serie de requisitos:

  • Disminuye el número de deposiciones. Hace sus necesidades una o dos veces al día y su pañal permanece seco durante varias horas.
  • Protesta cuando el pañal está sucio e insiste en que se lo cambiemos. Avisa diciendo: “Tengo caca”.
  • El pañal le disgusta. Quiere quitárselo y se muestra enojado cuando se lo volvemos a poner.
  • Intenta hacer cosas él solo y se enfada si se las hacemos. Imita comportamientos de los padres: se peina, juega a cocinar, se sienta a comer, intenta usar los cubiertos.
  • Comienza a vestirse por sí mismo y sabe bajarse y subirse la ropa interior y el pantalón. O muestra su intención de hacerlo, aunque no siempre lo consiga.
  • Atiende y se mantiene sentado mientras juega, escucha un cuento, come o canta.
  • Tiene equilibrio suficiente para levantarse y sentarse sin ayuda (lo necesitará para ponerse en el orinal).

Listo para lograrlo.

Cuando estas actitudes se den, y únicamente entonces, podrás comenzar el proceso con tu hijo. Empieza acompañándolo a sentarse un rato en el orinal o el váter. Que no sea más de un par de minutos: no esperes a que haga pis o caca, céntrate simplemente en que esté a gusto en esta nueva situación. Utiliza cuentos o canciones o una charla amena para conseguirlo. Hazlo todos los días y, si es posible, que sea siempre a la misma hora. Ten paciencia y, cuando lo consiga, dile siempre lo bien que lo ha hecho.

Qué elegir: orinal o váter

Para muchos padres esto supone un gran dilema, aunque realmente no lo es. Si el niño se sienta con normalidad y sin miedos ni protestas, ¡adelante con el váter! Y si el orinal le parece divertido, lo pide, o es de los niños que manifiestan alguna desconfianza a sentarse en el váter, utiliza esta otra opción. Cualquiera de las dos soluciones es perfectamente válida

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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