{{articleDetail.tags[0]}}

{{articleDetail.title}}

Dificultad
Dificultad
{{articleDetail.image[0].alt}} {{articleDetail.image[0].alt}}
{{image.alt}} {{image.alt}}

Ingredientes

  • {{ingredient.ingredient}} {{ingredient.quantity}} {{ingredient.unit}}

TEMAS
{{freetag}}

{{articleCapitalLetter()}}

TEMAS
{{freetag}}

Ingredientes

  • {{ingredient.ingredient}} {{ingredient.quantity}} {{ingredient.unit}}

Desde muy pequeños, aprenden a manejarse a través de sus conductas porque enseguida encuentran el mejor reforzador o premio que pueden tener: que papá y mamá estén pendientes de ellos.

Primero es importante explicar que el tiempo que los padres dedican a regañar a sus hijos es tiempo que pasan con ellos y además “sin quitarles ojo”. Esta ecuación hace que determinados comportamientos que sacan de quicio se mantengan en el tiempo. De esta forma, los niños aprenden qué conducta es adecuada para reivindicar lo que quieren y cuál no. Si un niño, tras negarse a desayunar, consigue que mamá esté detrás de él toda la mañana (aunque sea dando gritos) y logra salir hacia el cole sin tomarse la leche, repetirá al día siguiente la misma actitud.

Conductas repetitivas

Los adultos también recurrimos a los mismos patrones si lo que conseguimos es beneficioso. Por ejemplo, damos un beso al llegar a casa si obtenemos una sonrisa de nuestra pareja, madrugamos para evitar el atasco o nos ponemos determinado traje especial porque, cuando lo hacemos, recibimos piropos de los demás. Los hay incluso que siguen intentando conseguir sus objetivos a base de quejarse continuamente. Si no queremos eso para nuestros pequeño, habrá que enseñarles a sustituir los comportamientos desquiciantes para otros más eficaces.

¿Por qué lo hacen?

Los niños lloran, gritan y protestan durante el tiempo necesario para conseguir zafarse de alguna obligación o para obtener lo que quieren. Van midiendo tus gestos, tu cara de crispación, el tono de tu voz cuando pides que se callen y, según aumenta tu desesperación, crece la intensidad de sus conductas.

Por eso lo primero será comprobar que la razón de su proceder es realmente llamar la atención, si el pediatra no encuentra ninguna causa médica en el vómito del niño o en que se haga pis cuando coge una rabieta. Si el colegio confirma que en el comedor come de todo y a tiempo o que en clase se abrocha el abrigo sin dificultad o que cumple con las tareas que se le piden sin protestar cuando en casa es una lucha…, está reclamando atención a través de su comportamiento.

Pautas de actuación

En ese momento, justo cuando empiezas a desquiciarte, tendrás que:

  • Mantener la tranquilidad, y un tono de voz cuanto más bajo mejor.
  • Buscar una tarea para distraerte y evitar estar pendiente de lo que hace el niño. Hablar por teléfono, ordenar el armario, darse una ducha o leer son algunas ideas.
  • Recordar al niño lo que le hemos pedido y retirarse de la situación., por ejemplo, a otra habitación. Acuérdate de que si se lo dices de una forma positiva, más eficaz será conseguir que aprenda a cambiar de actitud. “Cuando estés tranquilo, cuando hables bajito, cuando comiences a tomar la leche, cuando te estés lavando los dientes, cuando te hayas puesto el abrigo, cuando tengas tus juguetes organizados… entonces te atenderé”.
  •  Continuar así hasta que el niño deje totalmente ese comportamiento que nos saca de quicio (llorar, gritar, subirse en el sofá, patalear para evitar el baño…).

Ten en cuenta dos claves para que el esfuerzo tenga los resultados esperados. Primero: independientemente de lo que haga o diga el niño, hay que mantener la tranquilidad y la firmeza. Y segundo: en cuanto detectes el menor esfuerzo por cambiar de actitud, hay que decírselo y acompañarlo a realizar lo que le hemos pedido. “¡Qué bien, veo que estás más tranquilo! Me siento en la mesa contigo y me cuentas qué vas a hacer hoy mientras te tomas la leche”. “¡Genial!, te ayudo a terminar de ordenar y nos da tiempo a jugar un rato”.

Más tiempo con mamá y papá

Recuerda que no se puede pasar por alto que tras cada llamada de atención hay una petición del niño para pasar más tiempo con papá y mamá. De nada sirve poner en práctica lo descrito en este artículo si no sustituyes el tiempo empleado en regañar, gritar y/o castigar, por ratos de calidad donde el niño sienta que es el protagonista y que nada es más importante para sus padres que estar con él. Todas esas conductas que sacan de quicio tienen en común la necesidad de sentirse querido y valorado, sólo que a estas edades no saben pedirlo de otra manera.

¿Cómo se prepara?

TEMAS
{{freetag}}

¿Quieres publicar un comentario? Regístrate o Inicia sesión

Publicar

Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

Responder

Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

Responder

Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

Responder
Danone utiliza cookies propias y de terceros para mejorar su experiencia de navegación, realizar tareas de analítica y mostrar contenidos acorde a tus intereses. Si continuas navegando, entendemos que aceptas nuestra política de cookies.