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¿Qué sucede cuando nuestro tranquilo bebé ha pasado de ser un angelito a ser un bichillo inquieto? ¿Le ha cambiado el carácter? La respuesta es muy sencilla y tiene que ver con la etapa evolutiva. Sufre la llamada “crisis de la edad”, relacionada con los cambios que ocurren en su cuerpo. Es pues un estado temporal, una transición para crecer.

En este período su comportamiento cambia ya que sus cualidades físicas y psíquicas también lo hacen. Entre los 18 y 24 meses es cuando se produce esta primera “crisis de la edad”. Su sistema motor se ha desarrollado, ya sabe caminar, y el peque quiere poner a prueba sus nuevas habilidades. Además, en esta época dispone de una energía desbordante que el cuerpo le exige sacar fuera y posee una gran curiosidad por descubrir todo lo que le rodea.

¿Y qué  hacen los niños en esta etapa? Empiezan a tocarlo todo y a experimentar con los juguetes para ejercitar sus músculos, mejorar su coordinación y dar rienda suelta a su vitalidad. Lo necesitan.

Además, estas nuevas habilidades motrices las repiten de forma incansable. Es por  esto que se pueden pasar una tarde entera apilando objetos y tirándolos al suelo o golpeándolos una y otra vez.

Los cambios en el bebe

Todo este desarrollo intelectual y físico que experimenta el bebé en esta etapa le proporciona una gran autonomía y el hecho de sentirse seguro.

¿Y qué hemos de hacer los padres ante esta situación?  Hemos de saber que la autonomía es positiva, desdramatizar la situación y tener paciencia. Primeramente, no hemos de desaprobar su conducta porque él está encantado con el nuevo logro conseguido y no es consciente de que se está portando mal.  Por esa razón, los padres hemos de animarles a ser autónomos, darle tiempo para alcanzar sus objetivos y permitirle fracasar.  Podemos fomentar las actividades al aire libre para dar salida a toda esa energía y ponerle límites a su comportamiento pero entendiendo que no intenta desafiarnos. Es muy importante no regañarle constantemente pues le puede confundir y afectar a su autoestima, la cual empieza a construir en esta etapa.

Sin embargo, no podemos olvidar que nuestro pequeño revoltoso no ve el peligro.  Así pues, los padres hemos de evitar sus caídas, posibles intoxicaciones o el acceso a objetos peligrosos. Una buena idea es colocar pegatinas antideslizantes en las alfombras, cerrar las escalerillas con barandillas de seguridad, proteger las esquinas de los muebles, y mantener los objetos peligrosos fuera de su alcance.

Hay que permitirle crecer de forma autónoma pero hay que velar por su seguridad en todo momento.

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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