{{articleDetail.tags[0]}}

{{articleDetail.title}}

Dificultad
Dificultad
{{articleDetail.image[0].alt}} {{articleDetail.image[0].alt}}
{{image.alt}} {{image.alt}}

Ingredientes

  • {{ingredient.ingredient}} {{ingredient.quantity}} {{ingredient.unit}}

TEMAS
{{freetag}}

{{articleCapitalLetter()}}

TEMAS
{{freetag}}

Ingredientes

  • {{ingredient.ingredient}} {{ingredient.quantity}} {{ingredient.unit}}



TEMAS
{{freetag}}

Madre e hijo se comunican sin palabras desde que el peque nace. Y es que, gracias a la preocupación maternal primaria, conseguimos levantarnos dos segundos antes que el bebé y estar ahí cuando nos necesita. Esto se debe a que podemos sentir lo que siente el bebé, le entendemos.

Durante los tres primeros meses de vida nos comunicamos de forma inconsciente. A través del cuerpo, las respiraciones se acompasan y podemos saber si el bebé está tranquilo o nervioso. Es lo que en psicomotricidad se llama diálogo tónico-emocional. También nos comunicamos a través de la cara, puesto que desde bien pequeño intenta interpretar nuestros rostros y emociones, así como buscarnos con la mirada cuando le alimentamos. Con las caricias y el cariño que le transmitimos en los pequeños actos cotidianos le decimos “Estoy contigo, estoy aquí”.

A partir de los tres meses, empezamos a cantarles nanas y él intenta seguirnos con balbuceos de vocales y nos deja impresionadas. Poco a poco, vamos añadiendo más palabras fáciles y las alargamos o cambiamos el tono, porque percibimos que así le gusta más. Empiezan así los juegos sencillos.

Cuando cumple los seis meses, el movimiento cobra protagonismo en la comunicación madre e hijo. Empieza a jugar en nuestro regazo, con el trote, el galope al ritmo de una canción. El laleo se hace evidente y nosotras no podemos evitar imitarlo. Aparecerán los objetos como intermediarios de nuestra comunicación como los juguetes, el sonajero o su peluche favorito. Así, al final de este período entablaremos pequeñas conversaciones, él nos dejará pausas para que hablemos y esperará lo mismo de nosotros. Y rondando el noveno mes empezará a abrazarnos y sabremos que no lo hacemos tan mal, que la comunicación funciona.

Ya de camino al año de vida, el peque quiere ponerle nombres a todo, quiere aprender a hablar, empieza a comprender indicaciones sencillas, pese a seguir usando los gestos y la mirada para comunicarse. Y poco a poco, cada vez más, buscará emociones fuertes que le aporten adrenalina como las cosquillas y no parará de darnos señales de que quiere más, diciéndonos “¡Otra vez!”.

Al cumplir ya el primer año, estaremos perfilando el lenguaje, un medio de comunicación muy diferente al de gestos inicial, a esa comunicación misteriosa y excepcional que siempre nos hace sonreír al recordarla.

¿Cómo se prepara?

¿Quieres publicar un comentario? Regístrate o Inicia sesión

Publicar

Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

Responder

Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

Responder

Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

Responder