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Dificultad
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Que tu hijo te cuente sus cosas es también una costumbre que se practica. Cuando los hijos son pequeños, y cuanto más pequeños mejor, es cuando conviene sentar las bases de la comunicación, principalmente porque eso hará que crezcan las probabilidades de que nos cuenten sus cosas de manera fluida cuando vayan acercándose a la adolescencia.

Se trata de que cuando escuchemos sus historias, bien sean reales o inventadas, les hagamos entender que lo que dice nos importa, que le escuchamos y le tenemos en cuenta. Sin embargo, hay que tener en cuenta que es normal que los pequeños atraviesen etapas en las que actúan de forma más reservada y que no debemos empeñarnos en que nos cuenten todo.

La psicóloga Rocío Ramos-Paúl, especializada en educación infantil, nos aconseja que rompamos la distancia entre padres e hijos y nos convirtamos en su modelo. Les podemos contar que cuando éramos pequeños a nosotros también los mayores nos pedían que les contáramos qué habíamos hecho todo el rato, dándole normalidad al asunto. También podemos comenzar nosotros a contar qué es lo que hemos comido y luego preguntárselo a él.

Lo primero que debes entender es que hay niños que no paran de hablar y te cuentan con todo lujo de detalle lo que han hecho todo el día, mientras que hay otros que no abren la boca nada más que cuando se les pregunta. Si tu hijo tiene un carácter silencioso es mejor que no le des importancia, pero la psicóloga recomienda que te asegures de que “cuando realmente quiera contar algo sepa cómo hacerlo”. Tanto para unos como para otros es aconsejable seguir algunas pautas:

Consejos para mejorar la comunicación:

No deberías...

  • Interrogarle ni hacerle preguntas en las que el niño no pueda explicarse, que sólo den la opción de responder un sí o un no.
  • Dar órdenes. Da la sensación de que los padres autoritarios sólo se interesan por él cuando consideran que ha hecho algo malo o hay algún problema. No es conveniente utilizar órdenes para intentar controlar la situación, en plan “A qué estás esperando para contarme qué has hecho hoy en el colegio”.
  • Ser un mal ejemplo. Debes ser perfecto en tus actuaciones ante él. Ser demasiado perfecto te hace insensible a sus ojos y le costará entender que puedas comprender que él se equivoca si resulta que a ti siempre te ve perfecto. Hay que potenciar la empatía para que el niño no se sienta intimidado.
  •  Infravalorar al niño. Siguiendo el hilo del punto anterior, si siempre te ve perfecto, más listo y superior a él, sentirá aún más la necesidad de callarse y no contar nada. Además, no conviene decirle frases como: “Yo a tu edad ya sabía hacer esto” o “tienes que esforzarte porque en este colegio yo saqué muy buenas notas”.
  • Dar lecciones magistrales. Con ello sólo conseguirás que el niño se sienta incapaz de conseguirlo. Ni siquiera de intentarlo.
  • Moralizar. Ponerte a lanzar explicaciones que no se acaban nunca y pretender que las escuche y aprenda con ellas. Si no consigues que el niño se abra y te cuente cosas, corres el riesgo de que la comunicación se convierta en realidad en un monólogo.

Mejor intenta hacerlo así:

  • Comentando lo que te ha ocurrido durante el día: “Mira lo que me ha pasado. ¿Te ha sucedido esto alguna vez?”. Y escucha su respuesta, dándole tiempo y espacio para que él cuente sus asuntos.
  • Buscando un rato diario en el que escucharse sin interrupciones, mostrando interés, porque si contestas al teléfono o le dejas con la palabra en la boca se quejará: “Mamá, ¡si te lo acabo de decir!”. Eso no anima a nadie a seguir conversando. El momento de las comidas es una buena opción.
  • Evitando aprovechar la situación para regañarle. Si ha actuado de forma indebida lo que debes hacer es ayudarle a resolver sus problemas y orientarle para encontrar la solución: “Esta tarde podrías disculparte con tu amigo y hacerle un dibujito”.
  • Guardando la confidencialidad. Nunca debes contar un secreto que te haya confesado. Es fundamental para que crezca su confianza en ti.

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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