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El lenguaje es un arma de doble filo. Según se utilice puede educar, reprochar, formar, herir... “Es fundamental en la autoestima del niño, también en su identidad. El lenguaje crea realidades en su vida”, dice José Carlos Arroyo, orientador filosófico, coach y escritor. Por eso, los padres tienen que ser muy conscientes de lo que expresan con palabras, para usarlas adecuadamente si lo que pretenden con ellas es motivar a un hijo. El experto nos da las pautas.

No es lo mismo ser que estar

Si un padre le dice a menudo a su hijo que es un desordenado, cuando el niño haya de solventar un reto que requiera cierto orden, se dirá a sí mismo que no lo hará bien, puesto que es un desordenado. No es lo mismo decirle “eres un desordenado”, que “tu habitación está desordenada”. El verbo ‘ser’ generaliza y no le da opción al niño a que no lo sea, mientras que el verbo ‘estar’ concreta y le otorga la opción de ordenar su habitación.

Haz bien las preguntas

Una buena forma de expresar las cosas es a través de preguntas. Es infalible decirle: ¿te puedo hacer una pregunta? Tan pronto como preste atención, se le formula una nueva: ¿cómo dibujarías este árbol? A partir de aquí, el experto recomienda seguir formulando más preguntas a través de un lenguaje apreciativo.

Sin compasión

Los padres deben observar a su hijo, escucharle, para saber qué decirle en cada momento. Han de valorar con sinceridad todo lo que el niño haga bien, ya que éste distingue claramente una valoración justa de una por compasión. En todo caso siempre irán bien frases del tipo: “Me encanta tu actitud”, “si sigues así, lo conseguirás”, “sabes que estoy a tu lado para lo que necesites”, “así me gusta verte”, etc.

Evita los comentarios despectivos

Nunca hay que decirle a un hijo que no haga tal cosa porque no vale para ello. No hay que presuponer que no será capaz de conseguir lo que se proponga. Hay que evitar siempre el lenguaje negativo y despectivo. Y si los padres de verdad creen que no lo conseguiría, hay que hacerle preguntas para que el niño tome conciencia de sus limitaciones por sí mismo.

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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