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Dificultad
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Aunque los menores necesitan la autorización paterna para abrir una cuenta, hacer determinadas compras o ser titulares de una tarjeta de pago, lo cierto es que hoy los adolescentes son grandes consumidores que manejan dinero a edades cada vez más tempranas.

Las viejas cartillas de ahorro infantil en las que los padres o abuelos iban depositando pequeñas cantidades para el día de mañana han sido sustituidas por todo un mercado de productos bancarios dirigidos específicamente a nuestros hijos, que a pesar de que no pueden legalmente tener ingresos por su trabajo (salvo en casos especiales o si se han emancipado a los 16 años) son los destinatarios de un bombardeo social y publicitario constante que les incita a gastar.

A esa presión se suma la que ejercen los propios adolescentes entre sí (compitiendo por ver quién usa las marcas más caras o quién lleva el último modelo de móvil) y por eso es tan importante el papel de los padres: hay que enseñarles lo que valen realmente las cosas, lo que cuesta ganar dinero y el modo más responsable y sensato de gastarlo.

Por lo tanto, para orientar a tu hijo en su relación con el dinero debes darle pautas claras y realistas. Háblale del asunto como si fuera un adulto, enseñándole la diferencia entre satisfacer necesidades básicas –alimento, ropa, transporte, cultura– y gastar por capricho. En este punto es fundamental tu propio ejemplo: si tu hijo ve que cambias de coche sólo por imitar al vecino, que tiras de tarjeta de crédito sin tasa ni medida o que eres adicto a las compras compulsivas, difícilmente le convencerás de que él debe hacer lo contrario.

Otro aspecto básico es saber elaborar un presupuesto y ceñirse a él: sugiérele que anote por adelantado lo que va a necesitar a lo largo de la semana (incluyendo algún extra) y proponle hacer la prueba de no salirse de ahí, ahorrando lo que no gaste para comprar algo que desea.

¿Cómo se prepara?