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El otoño y el invierno son dos estaciones del año delicadas porque es cuando se producen los cambios de temperaturas más bruscos y es por ello que el pequeñín de la casa necesita de cuidados extras para evitar que se enfríe, que se acatarre o que su piel se reseque a causa de la temperatura o de la sequedad del ambiente.  

De hecho, la piel del bebé es uno de sus puntos más delicados y en estas fechas puede sufrir más de la cuenta. Por un lado el bebé va abrigado, evidentemente, pero aún así sus manitas y su carita suelen quedar expuestas al frío en algún momento. Por otro lado, el roce con la ropita también puede perjudicar su delicada piel.

Resguardar el bebe del frío

El sentido común nos dice que hay que tomar algunas medidas para evitar que el pequeño esté incómodo, pero que no pase frío. Además se debe cuidar la temperatura de la casa, el grado de humedad y, por supuesto, se debe cuidar al máximo la piel del bebé.

En el caso de los cambios bruscos de temperatura se debe tener cuidado en que el bebé salga a la calle, si puede ser claro, en los momentos más cálidos del día para hacer su paseo diario, es decir, al mediodía. En el caso de que no se pueda evitar y se tenga que salir de noche, por ejemplo, se le debe abrigar bien, sin descuidar las manitas y la carita. Eso sí, es mejor que la ropita sea suave y que no le atosigue, es decir que no le vaya demasiado ajustada a la piel, ya que el roce con la ropa puede provocar que se dañe su fina piel.

Por otro lado, con el uso de calefacciones el ambiente en casa puede ser demasiado reseco para las mucosas del bebé o incluso para su piel, por lo que se debe mantener un grado de humedad aceptable, que suele ser al menos de un 50%. Para ello puedes usar humidificadores que te ayuden a mantener ese grado de humedad o, como hacían antes las abuelas, poner recipientes de agua cerca de los radiadores o en un lugar donde el bebé no alcance y que eviten que se reseque demasiado el ambiente.

Fuente:

http://www.noticiasmedicas.es

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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