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La convivencia siempre es compleja y todos queremos (necesitamos) que sea buena. Este post te será útil. Está lleno de pistas para que el día a día funcione. 

Todos somos únicos

Un hogar está formado por individuos. Es decir, ese pequeño que no te deja dormir por las noches es, en el mejor de los sentidos, un individuo, un ser único e irrepetible. Así que, para empezar, cada familia está formada por seres irrepetibles ¡e imperfectos! Nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros padres y suegros..., todos cometen errores y hay que quererlos como son, ayudándoles a mejorar en las cosas importantes y pasando por alto las que no lo son tanto. Hay que dar valor a cada uno por ser quien es y respetarlo a partir de ahí.ear un ambiente de optimismo. Hay que huir del pesimismo porque esteriliza las ilusiones. Con un enfoque apocalíptico maleducamos a nuestros hijos, les volvemos menos participativos en la sociedad, les restamos fuerza para luchar.

1. Crear un ambiente de optimismo. Hay que huir del pesimismo porque esteriliza las ilusiones. Con un enfoque apocalíptico maleducamos a nuestros hijos, les volvemos menos participativos en la sociedad, les restamos fuerza para luchar.
 
2. Sonreír (y a veces es heroico). La gente necesita sonrisas, y la gente somos todos. Pero sonrisas amplias, francas, alegres, abiertas. No ensayadas en el espejo, ‘puestas’ porque se haya leído en algún libro de autoayuda que sonriendo se triunfa en la vida. 
 
3. No dejar pasar ocasiones de decir algo cariñoso, de felicitar a alguien por haber hecho algo bien o de dar noticias agradables. Es cierto que hacer las cosas como hay que hacerlas es nuestro deber, pero también necesitamos que se reconozca el esfuerzo, el empeño. 
 
4. Interesarnos por lo que nos cuenten. Todos -absolutamente todos- tenemos nuestras batallitas e historietas ¡y queremos que nos escuchen! Y, sí, son pequeñas e insignificantes, pero son las nuestras. Lo mismo ocurre con nuestros hijos: lo que nos cuentan es lo que les interesa, y para ellos es muy importante sentirse escuchados por sus padres. Pon tu oído, pero también tu comprensión. 
 
5. Cuidar los detalles. Se puede decir que la vida es un detalle, y el que no los cuida está perdido. El mundo se arreglaría si los mil millones de personas que lo ocupamos tuviésemos otros tantos mil millones de detalles con los demás. Hemos de facilitarnos la vida. No des nada por supuesto. Seguro que quieres a tu pareja, porque estás con ella, pero está muy bien que un día se lo digas, se lo expreses con un detalle... Y con tus hijos, lo mismo.
 
6. Establecer normas. Cualquier ámbito se regula por lo que está permitido y lo que no, por sus  ‘leyes’ internas. Y una familia también. Pero has de establecerlas tú junto con los tuyos.
 
7. Exigir, pero con realismo. Todos hemos de cumplir con nuestras obligaciones, pero no somos una empresa, tenlo en cuenta. En una familia cada cosa tiene un orden. ¿Qué significa? Que a cada uno, individualmente, hay que exigirle aquello que puede alcanzar, pero siempre ‘que le permita dormir’.   
 
8. Arrancar de raíz cualquier inicio de conflicto con nuestra pareja  o nuestros hijos. A veces convertimos la convivencia en una pelea de gallos sin necesidad. Cuando ‘soplen vientos de tormenta’, abre la ventana para que se vayan...
 
9. Pedir perdón. Los miembros de una familia también tienen que pedirse perdón. Es algo que olvidamos con frecuencia y que empaña de negatividad el hogar.
 
10. Y por último… no olvides que tu también fuiste adolescente. Es una de las etapas que más complica la convivencia, pero, si los padres actúan con tacto y delicadeza, hablando cuando hay que hacerlo, callándose la mayoría de las veces, respetando la intimidad -cada vez más necesaria para ellos-, los hijos reirán, llorarán y se enfadarán en casa, pero sabrán que se les quiere y respeta.  Y en esta etapa eso es muy importante.

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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