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Dificultad
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He decidido publicar este post porque yo misma tenía dudas de cuándo pasar a mi hija a su camita. Espero que os ayude.
Suele suceder a los dos o dos años y medio, o cuando el niño siente que la cuna ya no tiene tanto espacio para que él se duerma y se estire o simplemente porque tienen la agilidad de poder lanzarse al suelo y caerse.

Muchos niños, especialmente los que tienen hermanos mayores, por el simple deseo de imitar, querer hacer y portarse de igual manera que su hermano mayor, suelen pasar antes.

Para animar y estimular a nuestros hijos, lo ideal es dejarles colaborar en todo lo que se refiere a su nueva cama. El niño podrá ayudar a elegir su nueva cama, elegir los colores y estampados de las nuevas sábanas (por ejemplo sus dibus favoritos) e incluso ayudar en el desmonte de la cuna y saber dónde la van a guardar.

Hay casos en los que se necesita un periodo de adaptación como el del cole o la guarde, es decir, que el niño se vaya habituando paulatinamente a la nueva situación. Mientras sigue durmiendo por la noche en su cuna, hay que dejarle que juegue o duerma la siesta en la cama, hasta que se sienta más seguro en ella y haga el cambio definitivo. Por supuesto es necesario pensar en las barreras de seguridad para que no coja miedo a su nueva camita; aunque algunos expertos opinan que  no es necesario poner barandillas ya que ellos aprenden a manejar el espacio del colchón rápidamente. Nos aconsejan poner cojines alrededor del pequeño o algún otro mecanismo de seguridad.

Al mismo tiempo, es necesario explicarle los motivos del cambio, valorando siempre su crecimiento y su tamaño.

No dejes de llevarle a su cama el muñeco, la mantita o el juguete con el que dormía en la cuna.

La cama ideal es aquella que se adapte al crecimiento de nuestros hijos y al espacio que tengamos en su habitación, en que su precio esté dentro de lo esperado, y que sea funcional.

Consejos para su seguridad:

  1. Que la cama no tenga esquinas puntiagudas que puedan hacer daño al niño.
  2. Que en la cama se coloque una barandilla en una o en sus dos laterales, para evitar que el niño corra el riesgo de caerse o en su caso los cojines.
  3. Que la cabecera sea lo más sencilla posible, evitando los barrotes que ofrezcan peligro al niño
  4. Que entre la cama y el colchón no queden espacios donde el niño pueda apretar una mano o un pie.
  5. Que la cama no sea muy alta para evitar riesgos de algún golpe a los niños.

¿Cómo se prepara?