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Dificultad
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Gran parte de los problemas que tienen los padres con sus hijos adolescentes, se deben a la falta de limites, a que en su primera infancia no supieron decirles "hasta aquí hemos llegado!" y ahora el asunto se les escapa de las manos....

Y es que algo aparentemente tan sencillo como establecer ciertas normas es, en realidad, muy complicado. El motivo principal radica en que los padres, nos horroriza ver llorar a nuestros hijos y con tal de que no se lleven un berrinche podemos hacer la vista gorda (total, es tan pequeño...") y olvidamos de que necesitan nuestros "noes". Sí, los necesitan, porque esta comprobado que un niño que se cría sin límites se siente desorientado e inseguro y dispone de un nivel de autoestima bastante escaso...

Por el contrario, un niño que es educado con normas crece sintiéndose confiado, convencido de que es alguien importante para sus padres, que se desviven por él...Por eso le frenan cada vez que intenta hacer algo que no le conviene.

Las normas, ademas de fortalecer el "yo" interno del niño, le enseñan lo que está bien y lo que está mal, lo que puede hacer y lo que no, algo imprescindible para que pueda relacionarse dentro y fuera de casa.

Los psicólogos infantiles coinciden en que hay que empezar a poner límites muy pronto, hacia el primer año de edad o incluso antes si el niño es muy espabilado. El motivo se debe que a esta edad el pequeño se convierte en un explorador que quiere investigar el mundo por su cuenta y necesita que alguien le pare para que no le ocurra nada malo.

A esto se une que ya ha descubierto las relaciones causa-efecto y sabe que sus actos provocan unas reacciones en nosotros. Dicho de otro modo, ya se da cuenta de que si le decimos con cara de susto que no toque el horno, no debe hacerlo.

Por susupesto, dado que la memoria de los niños tan pequeños aún es muy limitada, debemos repetirles los "noes" tantas veces como sean necesarias, hasta que los hagan suyos y les vengan a la memoria justo en los momentos oportunos.

Ademas de armarnos de paciencia y de repetir las normas hasta la saciedad, para conseguir que un niño pequeño nos obedezca debemos tener en cuenta estas otras premisas:

ACUERDO: Las normas deben ser consensuadas, es decir, nuestros límites deben coincidir con los que le marque nuestra pareja, porque si papá permite lo que la mamá prohíbe, el pequeño aprenderá enseguida a qué progenitor debe acudir para hacer lo que se le antoja.

COHERENCIA: Debemos ser consecuentes con lo que le indicamos: lo que hoy está prohibido, mañana tambien lo estará.
COMUNICACIÓN: Hay que explicar al niño el porqué de lo que le pedimos ("si te asomas a la ventana, te puedes caer así que no vuelvas a hacerlo") y aseguramos que entiende perfectamente lo que esperamos de él. Por eso hay que hablarle siempre en un lenguaje sencillo y adaptado a su nivel de comprensión.

FIRMEZA: El pequeño debe ver que hablamos en serio. Por eso, al imponerle las normas y límites debemos emplear un tono positivo y cariñoso, para transmitirle que nos estamos preocupando por él, pero al mismo tiempo contundente para que entienda que el tema del que hablamos no es una broma. (es aconsejable, hablarle mirándolo a los ojos y manteniendo algún contacto físico con él, cogiéndole de la mano por ejemplo).

RAPIDEZ: Si hace una trastada debemos reprenderle inmediatamente después, porque si dejamos pasar mucho tiempo, el pequeño no relacionará nuestra reacción con su comportamiento. No tiene sentido que muerda a un niño por la mañana, y no le dejemos ver la tele por la tarde, porque no entenderá porque actuamos así con él...

COMPRENSIÓN: Además, hay que demostrarle que entendemos como se siente, pero que no por ello vamos a claudicar. Si está jugando y se enrabieta porque no quiere acostarse, debemos decirle algo como "entiendo tu enfado, pero si no te acuestas mañana vas a estar muy cansado" Así, aunque le obliguemos a hacer algo que no quiere, sentirá que estamos de su parte.

¿Y SI NO HACE CASO?: Es normal, que se enrabiete al principio y se haga el sordo para intentar salirse con la suya, pero en ningun caso hay que ceder ante sus lloros, pues son una manera de comprobar dónde empiezan realmente nuestros límites. Además, si al verle enfadado nosotros cedemos a lo que nos pide, le enseñamos un modo perfecto e inadecuado, de salirse con la suya...

En los momentos más críticos, hay que mantener la calma, respirando hondo, contando hasta diez, y pensando que nuestra actitud es la mejor para nuestro hijo.

Antes de perder la calma y acabar en gritos o desesperados es mejor mandar al pequeño unos minutos a un rincón o a su habitación... con esta pausa obligada ayudaremos a reflexionar y recuperar la calma. Pasado este tiempo, hay que darle un abrazo, para demostrarle que le queremos y hacer algo juntos para olvidar el incidente.

VALORAR SU ESFUERZO: Aunque a veces no lo parezca, a todos los niños les gusta que sus padres esten orgullosos de ellos. Por eso es importante que les felicitemos por sus buenas acciones y las valoremos más que sus trastadas.
Nuestro reconocimiento es el incentivo más eficaz para animarlos a ser cada día un poco mas buenos.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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