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Existen muchas, muchísimas, dietas llamadas milagro, que prometen pérdida rápida de peso siguiendo una pauta dietética a menudo inadecuada de tipo milagroso que, curiosamente, ahora que ya hace  buen tiempo y empezamos a sacar los tirantes, los vestidos, los pantalones cortos y la ropa de baño, se incrementan y se hacen un hueco en la alimentación que siguen numerosas personas. Pero, ¿realmente son efectivas? ¿Pueden conllevar algún tipo de desequilibrio para la salud? Estas dos preguntas son las primeras que deberíamos formularnos a la hora de empezar una dieta que nos sirva para perder peso y mantenerlo.

Lo cierto es que resulta bastante sencillo identificar cualquiera de estas dietas, por eso os damos los puntos clave para que miréis con lupa todas las que lleguen a vuestras manos en esta temporada de verano. Únicamente cumpliendo uno de estos puntos ya podríamos clasificar aquella dieta como “milagrosa”:

  1. Promete resultados rápidos y mágicos (o milagrosos).
  2. Prohíbe el consumo de un alimento o grupo de alimentos.
  3. Contiene afirmaciones que contradicen a expertos en nutrición de reputación conocida.
  4. Incluye relatos, historias o testimonios, para aportar credibilidad.
  5. Contiene listados de alimentos “buenos” y alimentos “malos”.
  6. Exagera o distorsiona la realidad científica, atribuyendo propiedades exageradas a un nutriente o un alimento.
  7. Incluye o se basa en preparados alimentarios, que suelen ser mucho más caros que los alimentos comunes.
  8. Afirma o sugiere que el producto (o preparado) es completamente seguro, ya que es “natural” (¡cuidado con esta palabra!).
  9. Garantiza los resultados o promete “devolver el dinero”.
  10. Da recomendaciones basadas en un único estudio científico, generalmente realizado a pocas personas y durante un corto espacio de tiempo.
  11. Y lo más importante, no suelen estar pautadas por dietistas-nutricionistas del ámbito clínico-hospitalario.

¿Qué os ha parecido? ¿Sencillo, verdad? Seguro que habrán llegado a vuestros oídos dietas que cumplen estas características. Ahora ya podéis poner en marcha vuestra agudeza a la hora de rechazarlas, puesto que la respuesta a la pregunta “¿Conllevan algún tipo de desequilibrio?” es que sí. Estas dietas pueden conllevar efectos inadecuados para nuestro organismo, incluso si las seguimos por un corto periodo de tiempo. Además de los desequilibrios nutricionales, como el temido “efecto yo-yo” (recuperar el peso perdido tras abandonar una dieta milagro), también podemos destacar los siguientes:  

  1. Suelen transmitir conceptos erróneos sobre el exceso de peso y sobre su tratamiento  adecuado.
  2. Habitualmente causan situaciones de desánimo porque pueden llevar a no cumplir un tratamiento adecuado.
  3. Pueden producir gastos económicos innecesarios, en productos que no cumplen los efectos declarados.

Por toda esta serie de motivos, de gran trascendencia, debemos dejar de lado este tipo de dietas y apostar por aquellas que realmente dan resultado: las personalizadas y diseñadas por un/a profesional de la nutrición.

Y es que, este objetivo, se puede cumplir llevando una dieta saludable, que debe ser equilibrada, variada y suficiente, a lo largo de todo el año, porque es importante pensar que no podremos conseguir en poco tiempo lo que deberíamos haber empezado mucho antes. Seguir una dieta saludable nos ayudará a perder peso, en caso de que lo necesitemos y, además, nos ayudará a mantenerlo durante mucho tiempo. De modo que éste es el mejor secreto, a voces, para conseguir este objetivo. Eso sí, necesitamos constancia, convicción e ilusión por comer bien durante todo el año.

¿Vosotros ya seguís una dieta saludable?

 

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

Responder

Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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