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El Índice de Masa Corporal (IMC), también llamado índice de Quételet (nombre del creador de la fórmula), es un sencillo patrón matemático, utilizado y conocido desde hace mucho tiempo, que nos informa sobre la corpulencia de una persona.

Contrariamente a la creencia actual, Adolphe Quételet no estableció esta fórmula como un índice de medida del sobrepeso, sino que sus estudios antropométricos se basaban en estudiar la relación entre el peso y la estatura de las personas a lo largo de la vida.

¿Y cómo se calcula el IMC de una persona?

Su fórmula es muy sencilla: se divide el peso del sujeto (en Kg) entre su estatura (en metros) al cuadrado.

Por ejemplo: pongamos el caso de una persona que mida 1,72m y su peso sea de 60Kg. Su IMC sería 60/(1,72*1,72) = 20,28. ¡Ah! Otra cuestión a tener en cuenta: el IMC no tiene unidad de medida, su resultado se expresa, únicamente, con un número.    

No fue hasta finales del siglo XX cuando se estudió la relación entre el Índice de Masa Corporal y la situación ponderal de cada persona, estableciéndose así los puntos de corte del IMC que hoy en día conocemos (para poblaciones entre 20 y 65 años):

  • IMC menor de 18,5: bajo peso.
  • IMC comprendido entre 18,5-24,9: peso normal.
  • IMC comprendido entre 25-29,9: sobrepeso.
  • IMC mayor de 30: obesidad.

Estos son los puntos de corte que se utilizan actualmente, aunque los parámetros se han ido modificando con el tiempo.

Para niños y adolescentes de menos de 20 años, es más fiable utilizar tablas de crecimiento para edad, talla y perímetro cefálico según el sexo (a los que hayáis ido con vuestro hijo o hija al pediatra alguna vez seguro que os suenan), mientras que con mayores de 65 años tampoco es preciso el IMC porque, con la edad, varía la composición corporal.

Sin duda, entre las principales ventajas del IMC están su sencillez y facilidad de uso. Quizá por eso, lo conoce tanta gente y muchos de nosotros lo hemos calculado en alguna u otra ocasión.

Para que su resultado sea fiable, hay que saber utilizarlo e interpretarlo bien. Eso sí, su principal pega es que el IMC no mide la grasa corporal de la persona porque “da por hecho” que la falta o exceso de peso dependen de la falta o exceso de grasa, y eso no siempre es así. Por este motivo, se dan casos de personas en las que su IMC no se corresponde para nada con la interpretación que podríamos hacer de éste, si sólo nos basamos en los puntos de corte anteriores. Por ejemplo, pensemos en un deportista de alto nivel, con un desarrollo de la musculatura importante, que hace que su peso sea mayor. Podría obtener un IMC dentro de los valores de sobrepeso, cuando, en realidad, su elevado peso se debe a su musculatura, y no a un exceso de grasa.

¿Lo sabías? Es por eso que el IMC es una herramienta para detectar posibles problemas de peso, pero no es una herramienta de diagnóstico por sí sola. Por eso, universidades varias e instituciones de prestigio especializadas trabajan por conseguir una nueva ecuación más precisa y fiable.

Seguro que después de toda esta explicación ya habéis calculado vuestro IMC, ¿verdad?

Para terminar, comentaros que también es importante saber que mantenerse en un peso estable es signo de salud. Las grandes variaciones de peso, tanto en un sentido como en el otro, tienen que ser valoradas y controladas por los profesionales sanitarios correspondientes para valorar las causas y posibles consecuencias para la salud.

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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