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Los cambios bruscos de temperatura, que tanto sufre nuestro organismo cada vez que pasamos de la calle a un entorno caldeado de forma artificial, son aún más nocivos. Y es que cuando salimos de casa, por ejemplo, o vamos del trabajo al autobús, estamos provocando una vasodilatación que puede afectar más a personas con sensibilidad cutánea o dermatosis. Las secuelas del frío son inmediatas y, por lo general, se traducen en forma de sequedad, rojeces y tirantez.

La deshidratación es la alteración más frecuente. En verano, somos muy conscientes de que debemos extremar la hidratación para defendernos del sol, pero es durante los meses fríos cuando la piel pierde más agua. Además, se ralentiza la renovación celular, y la capa formada por las células muertas aumenta e impide que la secreción sebácea llegue con facilidad a la superficie para lubricar y nutrir la epidermis, dejando la piel aún más seca y sensible. Por si esto fuera poco, la humedad relativa del ambiente desciende a causa de la calefacción y provoca la evaporación del agua de la piel. En algunos casos, pueden aparecer descamaciones o incluso rojeces en las mejillas, provocadas por la alteración de las paredes de los capilares como consecuencia de los cambios bruscos de temperatura. Este escenario obliga a tomar medidas para mantener nuestra piel protegida y cuidada. Exfoliantes suaves, mascarillas, sueros hidratantes y cremas nutritivas con alto índice de protección solar deben formar parte de la rutina de belleza habitual.

Cinco claves contra el frío

Además, la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) nos lo pone muy fácil y nos ofrece un manual de supervivencia para el frío centrado en cinco claves.

  1. Efecto barrera. Para prevenir la deshidratación acentuada por el frío, hay que optar por cremas hidratantes ricas en componentes humectantes que atraigan el agua dentro de la piel. La glicerina o la urea tienen efecto oclusivo y actúan como barrera.
  2. Guerra a las arrugas. Es el momento de plantarles cara con activos como el retinol o la vitamina C.
  3. Filtrar los rayos. En invierno, aunque tenues, también son nocivos, y no podemos olvidar aplicar a diario factor de protección solar (un 15 es el mínimo exigido).
  4. Suave limpieza. Limpia la piel a fondo mañana y noche, pero con leches suaves y nutritivas.
  5. Sin cambios. Hay que intentar evitar los cambios bruscos de temperatura.

 

¿Cómo se prepara?

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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Mónica naranjo

Los síntomas aparecen frecuentemente después de la ingesta de productos que contienen lactosa.

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Marta Sánchez

El cuerpo humano está compuesto por un 60% de agua, 18% de proteínas, 6% de minerales y aproximadamente 16% de grasa - esto significa que la proteína es el segundo nutriente más importande de nuestro cuerpo (después del agua).

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